viernes, 27 de agosto de 2010

Retornando a la mistica

La verdad de la milanesa; por favor si me habrá desvelado tal incógnita, algunos dirán que la clave se encuentra en el pan rallado, muchos aseguran que es la cantidad de huevo que usan en la preparación, hay personas que al mejor estilo Marcelo Megna aseguran ser poseedores de un “truquito de la nona” para la elaboración de las mismas, todo esto me hace pensar que la verdad absoluta se perdió en algún lugar, entre tantas discusiones se descuido la “mística” de la milanesa… ustedes, ya en este punto exasperados, pensaran ¿adonde este forro quiere llegar?... bien, este trozo de carne embadurnada en huevo y pan me llevo a reflexionar sobre el misticismo que el club perdió, progresivamente, a lo largo de sus años. Sin ir mas lejos, a modo de ejemplificar, me remonto a aquellos días en que Aurora era invencible en su cancha, futbolísticamente hablando, casi todos temían por el rejunte ese de morochos ignorantes que pateaban el balón vistiendo “la rojiblanca”, la visita llegaba a la símil cancha (seamos sinceros, nunca pareció playón deportivo, mas bien estacionamiento) sin saber siquiera si podrían salir ilesos, recuerdo gente que apoyaba desde afuera al equipo, bombos y redoblantes al ritmo de una canción que enfervorizaba a los jugadores, les infundía ánimos de quebrantar huesos ajenos. En fin, Aurora fue eso, era nuestra verdad, muy distorsionada a la que acostumbramos a ver en la actualidad, una realidad que nos muestra, no solo que en nuestro estacionamiento nos ganan como quieren y como nosotros queremos (si, resulta que elegimos como perder a veces), sino, como se perdió el apoyo de la afición encolerizada a la que nos tenían tan acostumbrados. Ojo, no desmerezco el apoyo que de vez en cuanto se hace notar, pero, ¿seria mucho pedir que el redoblante, cuando lo hay, siga el ritmo de algo?, no digo una canción, pero un ritmo aunque sea; es ilógico el pensar que en vez de tomar mates se beba alguna bebida tipo “copete”, ojo otra vez, no pretendo que a las 12 del mediodía uno se clave un vino en cajita, pero pensar en un porrón a modo de precalentamiento, y no me vengan con eso de que hay gente que ebria ve los partidos, porque son los mismos inadaptados de siempre que beodos viven el día a día; necesitamos recuperar urgentemente al hincha mal hablado, ese que encuentra cualquier ocasión para injuriar verbalmente al otro, el que al grito de LA CONCH VERG DE TU MADRE (que adelantado en la materia el que insulto así) eleva los corazones de la parcialidad aurorense, no queremos, no, al seguidor culto de ahora que intenta razonar con el referato, ese que aplica la lógica a la hora de discutir que tan acertada fue de la decisión arbitraria, si merece o no la roja después de haber causado una conmoción cerebral y tres fracturas expuestas en la ultima jugada. En este punto del escrito siento nostalgia por los años pasados, y pena por los que vendrán, sobre todo viendo el futuro que nos espera, en manos del niño cobayo (la nutria olorosa) y su compañía de retardados. ¿Llegaremos a recuperar la mística?, ¿Tendrán los más pequeños aquel ejemplo etílico que alguna vez los más grandes supimos ver? , ¿Lion se dignara a pagar lo consumido en el buffet?, preguntas que quizás tengan respuestas, pero seamos sinceros, nadie se va a dignar a buscarlas, ni yo que perdí el tiempo en escribir esto me atrevo a tanto.


Marcelito a punto de develar el "truquito de la nona"

El niño cobayo y su banda